Biodiversidad en Aumento en Costa Ballena
Por Jack Ewing
La palabra «biodiversidad» es de reciente incorporación a nuestro idioma, ya que apareció por primera vez en el diccionario en 1985. La palabra adquiere un significado especial cuando se refiere a Costa Ballena, porque éste es uno de los pocos lugares del mundo donde la diversidad de la vida está aumentando. Es un privilegio vivir aquí y ser testigo de ello. Cuando llegué por primera vez a Hacienda Barú en el año 1972 el soterrey nuquirrufo, la lapa roja, la oropéndola de Moctezuma y el ibis verde no se encontraban, pero hoy en día se avistan con frecuencia. El primer mono araña apareció en 1997. Los monos ardilla centroamericanos se avistaron por primera vez a principios de la década de 2000, y el rugido del mono aullador, conocido como el “Congo”, no se escuchó hasta alrededor de 2012.
La biodiversidad nunca es tan evidente como cuando una falange de las hormigas de ejercito conocido como “ronchadoras” se despliega y avanza por la selva consumiendo toda la proteína animal que encuentra. Multitudes de insectos, anfibios, reptiles y mamíferos huyen para salvar sus vidas. Los depredadores acechan en las afueras de la masa mortífera con la esperanza de atrapar una rata espinosa o una lagartija en su huida despavorida. Múltiples especies de aves, cada una con su propia especialidad y cada una en un nivel diferente del bosque, devoran cada diminuta criatura que desocupa su rincón o grieta y huye para salvar la vida. Los murciélagos vuelan de las cuevas por miedo a las dolorosas picaduras de los minúsculos carnívoros. La selva nunca parece tan viva y llena de movimiento como cuando las ronchadoras están a la caza. Las cazadas se apresuran a través de la hojarasca, sobre palos y madera podrida, alrededor de masas de hongos, bordeando charcos de agua llenos de renacuajos, trepando por troncos y ramas, siguiendo lianas y enredaderas, poniendo la mayor distancia posible entre ellas y sus perseguidoras. Al final, el ejército pasa y la selva vuelve a un relativo estado de calma.
En realidad, la selva nunca está calmada. Es sólo nuestra percepción de ella. Sólo somos conscientes de una pequeña parte de todo lo que ocurre. Los seres vivos están ocupados bajo la superficie terrestre, en el centro de los árboles huecos, en lo alto de las copas, y en multitud de escondrijos fuera del alcance de nuestros sentidos. ¿Y qué hacen todas estas criaturas? Buscan comida. La vida es una búsqueda constante de sustento, y tarde o temprano todo ser vivo de este planeta será devorado por otros seres vivos y asimilado de nuevo por la biosfera. Y la vida continúa.


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