Por Jack Ewing
El árbol más notable que ha existido durante mi tiempo en Hacienda Barú fue un enorme ceibo viejo (Ceiba pentandra) que antes dominaba los cielos cerca de lo que hoy es la Bomba El Ceibo. Su forma familiar, el alto tronco y copa en forma de paraguas, era un punto de referencia muy conocido para los viajeros y también para los pescadores que podían verlo a dos kilómetros de la costa.
Todos los años una pareja de búhos, también conocido como “cara de gato”. anidaron en un hueco en el tronco y los vecinos escuchaban los silbidos de ellos. Todos los años un rebaño de magníficos cigueñones pasaron por la zona y descansaron un par de noches en la copa del gran ceibo.
Solo Dios sabe qué edad tenía cuando se derrumbó el 11 de agosto de 1989.
En el momento en que el famoso ceibo viejo se vino abajo, había tres ceibos más pequeños a menos de 30 metros de su base. Probablemente eran hijos del que acabó de caer. El más grande de los tres estaba cerca del restaurante de Hacienda Barú Lodge, junto al parqueo. Al no tener que competir con el viejo ceibo por la energía de la luz solar, creció rápidamente, y a principios de la década de 2010 tenía más de 30 metros de altura. Pensando en ofrecer al público una excursión emocionante con unas vistas impresionantes, aparejamos las ramas más bajas de la copa, que estaban a unos 20 metros por encima del suelo del bosque, con tres cuerdas para trepar por el árbol. La excursión fue muy popular y muchos visitantes disfrutaron escalando por el joven ceibo.
Una tarde durante una tormenta, un enorme rayo de fuego impactó contra el ceibo. Un hombre estaba en el parqueo con su perro aproximadamente 10 metros del árbol. La fuerza del rayo derrumbó ambos al suelo. Aunque los dos estaban temblando de miedo, ninguno resultó herido, pero dijeron sentir el intenso calor del rayo.
Al día siguiente estaba prevista una excursión para escalar árboles, y dudábamos de la seguridad de la escalada. El árbol se había quemado por el lado opuesto a las ramas donde colgaban las cuerdas de escala, y las cuerdas parecían estar bien. Utilizamos un telescopio para comprobar la condición de las cuerdas y los cables de los que colgaban. Todo parecía normal, sin daños por el rayo. El guía de escalada escaló una de las cuerdas para inspeccionar los cables de cerca antes de iniciar la excursión. Cuando Pedro llegó arriba, llamó por radio.
«Estas cuerdas están quemadas hasta la mitad de su diámetro normal. La mía es la peor de las tres».
«Cambia a la mejor de las tres y baja ahora mismo. Cancelaré la excursión», respondí.
La parte quemada del árbol se curó por completo, y varios de nuestros guías han subido a la copa desde entonces. El efecto del rayo frenó su crecimiento de altura, pero el tronco ha aumentado considerablemente de diámetro.
Desde hace mucho tiempo tengo la costumbre de subir a un árbol cada año el día de mi cumpleaños. En mi 81 cumpleaños, en junio de 2024, trepé a un ceibo de 33 metros en propiedad de un amigo. Este año, he decidido subir al ceibo que está junto al estacionamiento de la Hacienda Barú, el que fue alcanzado por un rayo hace 15 años. Es un poco más bajo que los árboles que he subido en años pasados, pero debo aceptar que estoy cumpliendo más años.


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