Uriel Rojas Rojas
Historiador de las culturas indígenas
De acuerdo a la cosmovisión de los pueblos indígenas, la madre tierra es el elemento fundamental de la naturaleza, es un ser vivo que sufre, llora y siente el maltrato causado por los seres humanos.
El viento, el sol, la luna, las estrellas, los animales son parte de un todo, el entorno inmediato está rodeado de los guías espirituales que conviven y de una u otra manera se comunican con los seres humanos mediante signos, símbolos, sonidos o señales que los animales y otros elementos de la madre naturaleza envía; se requiere de habilidad para poder leer e interpretar y comprender los mensajes, dicha habilidad es trabajada en las comunidades indígenas con especial importancia.
La naturaleza y el ser humano están íntimamente ligadas y forman todo un conjunto, un mundo propio.
Los cantos melodiosos espirituales unidos con el sonido del ambiente fluyen energía positiva para restablecer el alma de la persona en equilibrio.
Los bribris y cabécares por ejemplo, han conservado esta forma de curarse ante múltiples enfermedades emocionales que no son medibles con instrumentos, pero la fuerza de la voz sobrenatural y la concentración en si misma del Jawá recorre una gran dimensión en el universo se entrelaza con la selva, plantas, animales, hojas, bejucos, con los animales y los ditsö (seres humanos).
La cosmovisión es la forma de cómo los indígenas ven y conciben el mundo (el universo) en el que viven. La cosmovisión de un indígena se forma desde el momento mismo de la concepción de la vida en el vientre de la madre, desde la comunidad cultural a la que pertenece considerando las creencias, costumbres y tradiciones de su pueblo.
Sus territorios son fundamentales para conservar sus modos de vida, su filosofía y alimentar cotidianamente su cosmovisión.
Para los Pueblos Indígenas las tierras y sus recursos, son elementos fundamentales que les permiten la continuidad histórica y la plenitud de la vida, la espiritualidad y el desarrollo social, cultural, económico, político y humano, vinculado a su cosmovisión, la cual consiste en la relación profunda con la Madre Tierra.
El futuro de los pueblos indígenas y sus futuras generaciones está en la tierra y cuando se les niega el derecho a tenerla no solo se les niega la fuente de sus alimentos, sino la misma fuente de su ser, su identidad, su historia.
No sólo está en juego su seguridad alimentaria, sino además, la destrucción de sus bosques, la contaminación de los ríos. Se trata de algo mucho más grave: de nuestra muerte física y espiritual como pueblos, de la muerte de nuestra cultura, de nuestro derecho fundamental de ser como queremos ser sobre este valioso recurso que se llama tierra.


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