Entre el misterio de sus aguas, la memoria ancestral y la vanguardia de la UNA
Por: Redacción Enlace/ Prensa UNA
El Río Grande de Térraba es el cauce más extenso de Costa Rica; un gigante vivo que respira, provee y, en tiempos recientes, impone un respeto que raya en el temor. Para los habitantes de Palmar Norte, Ciudad Cortés, Sierpe y otras comunidades de la Región Brunca, el río ha dejado de ser únicamente un vecino generoso para convertirse en un territorio donde la convivencia con el cocodrilo (Crocodylus acutus) se ha vuelto una cuestión de seguridad cotidiana.
Diquís: El río de la historia
Para entender el respeto que impone este gigante, hay que mirar hacia atrás. Los pueblos originarios, como los Bruncas y Teribes, llamaron a estas aguas Diquís («Agua Grande»). Este río fue la «autopista» precolombina que permitió el auge de la cultura que esculpió las esferas de piedra, hoy Patrimonio de la Humanidad. El Térraba era visto como un ser sagrado y el motor de intercambio de oro, sal y cerámica.
Hoy, ese mismo río sostiene la economía local mediante la pesca artesanal, el turismo en el Humedal Térraba-Sierpe y la fertilidad de las tierras de Palmar. Térraba no pertenece a una sola especie. Es un delicado equilibrio donde el vuelo del Jabirú, el nado de la Nutria y el silencio del Cocodrilo se entrelazan bajo la sombra del manglar, recordándonos que cada habitante tiene un propósito en la gran red del Diquís.
El eco de las tragedias y el cambio de hábitos
Sin embargo, en los últimos años, la relación con el gigante se ha tensado. El temor actual en la zona sur nace de una realidad palpable. Eventos trágicos, como la pérdida de José Samuel Cruz Rivas en Rancho Quemado (febrero 2024) y reportes de desapariciones en Ciudad Cortés, han dejado una huella profunda. Esta peligrosidad ha transformado las tradiciones: el emblemático «Playón» de Palmar Norte, donde antes las familias se bañaban libremente, hoy permanece bajo prohibición del Ministerio de Salud y el SINAC debido a la presencia constante de cocodrilos.
Prácticas que debemos evitar
Para reducir el riesgo de incidentes con cocodrilos, es vital modificar ciertas conductas que atraen a estos animales o nos exponen innecesariamente:
- Zonas de riesgo: No entre al agua en sitios donde se conoce la presencia de cocodrilos.
- Visibilidad limitada: Evite orillas con agua turbia.
- Actividades recreativas: Extreme cuidados al realizar natación, kayak o surf cerca de desembocaduras y esteros.
- Pesca responsable: No pesque dentro del agua ni limpie pescado en la orilla, ya que los restos atraen a los ejemplares.
- Mascotas: Mantenga a los animales domésticos alejados de las orillas.
Si llega a observar un cocodrilo, la regla de oro es la distancia: aléjese, no interactúe con él y nunca lo alimente.
De la linterna al vuelo digital: Seguridad para todos
Tradicionalmente, monitorear a los habitantes más antiguos del río era una labor nocturna de alto riesgo. Hoy, el Icomvis-UNA cambia las reglas del juego. Mediante el uso de drones, los investigadores pueden realizar hasta 10 vuelos diarios para capturar datos sobre la distribución y el tamaño de los animales sin poner en riesgo vidas humanas.
Este protocolo busca generar mapas reales de riesgo para que, en enero de 2027, el SINAC pueda gestionar la seguridad de la población con base en ciencia y no solo en percepciones de «invasión».
Guardianes del equilibrio: El reto de la convivencia
Aunque se han registrado avistamientos de hasta 40 cocodrilos por noche en ciertos tramos, la investigadora Laura Porras aclara que no hay evidencia científica de sobrepoblación, sino una recuperación tras décadas de cacería.
El cocodrilo es vital para la salud del Diquís: controla poblaciones de peces y reciclan nutrientes. La meta no es la erradicación, sino la gestión del riesgo. Al identificar dónde están y cómo se mueven, el país se posiciona como referente en tecnología de conservación, buscando que comunidades y fauna compartan el paisaje de forma armoniosa.
Tecnología como puente hacia la paz
«La respuesta no es el miedo paralizante, sino la ciencia aplicada», sugiere la investigación. El objetivo final es que la Región Brunca recupere su vínculo con el río. Al entender la historia de sus aguas y usar la tecnología para proteger la vida humana, podemos volver a mirar al gigante Térraba como el tesoro biológico y cultural que siempre ha definido la identidad del Sur.



















