José Luis Rivas Mora
Escritor y Geógrafo costarricense
Pie de foto: Representantes del temple y la tenacidad del Pueblo Cabécar: Noyle Salazar (ganadora 34k), Estela Obando (ganadora 12k), Andrea Obando y Nanci Obando. Mujeres que transforman los trillos cotidianos de Sitio Gilda y Sinoli en senderos de gloria mundial.
Talamanca es un lugar enigmático, un sueño por cumplir. En una de sus secciones, desde el macizo del cerro Buenavista hasta Villa Mills, la divisoria de aguas avanza hacia el este, cruza Alto Jaular y deja atrás los cerros Cuericí. Entre ascensos, descensos y rastros de antiguas picadas, la orientación y la pericia conducen al “Camino de los indios”, premio al esfuerzo. Al sur, Chispa enciende el ascenso por la fila Palmito Morado hacia la fila Urán, pasando por la confluencia del río Chirripocillo con el río Chirripó (Duchí), hasta Sitio Hilda, último enclave del Territorio Indígena Cabécar Alto Chirripó (Duchí).
Al noreste se despliega la vastedad protegida: Tapantí–Macizo de la Muerte, Río Macho, Chirripó y La Amistad. Innumerables ríos descienden como sistema circulatorio vivo hacia el Chirripó (Duchí), que nace en el valle Lagos y atestigua la vida de tres atletas extraordinarias: Andrea Sanabria, Noyle Salazar y Estela Obando, dignas representantes del Pueblo Indígena Cabécar.
Andrea y Estela nacieron en Sitio Hilda, comunidad dividida por el río entre Cartago y Limón; Noyle reside en Sinoli, Valle La Estrella. Ja̱mó̱ y Ják Kjuä́ conforman ese poblado partido por la geografía y los registros: de un lado cédula tres; del otro, siete o nueve. Así de concreta es la montaña.
Su cotidianidad transcurre sin red eléctrica, entre candelas y paneles solares; por trillos, veredas y cruces de ríos. Niños a la escuela, madres con cargas y sudor constante. Frente a la comodidad urbana, la elementalidad del monte forja fuerza, destreza y tenacidad. Desde niñas caminan jornadas que para otros serían hazañas. La Gran Talamanca y el Chirripó son su patio; hacia Grano de Oro o Turrialba, dos días de ruta; hacia Rivas de Pérez Zeledón, el ancestral sendero.
El límite está en las nubes: al este la fila Matama; al oeste Tapantí; al sureste el sinuoso Chirripó (Duchí) rumbo al cerro Chirripó, 3822.64 m s. n. m. Ese temple ha llevado a Andrea a ganar diez veces la carrera al Chirripó y competir en un Mundial en España; Noyle fue la primera indígena costarricense en un Mundial de Skyrunning; Estela, joven promesa, ya triunfa en 12k.
Desde Turrubares hasta Pando, el gran parteaguas corta el país como columna vertebral de roca, vegetación y esfuerzo. Ellas corren sobre siglos de historia. Sin artificios, entrenando en su hogar, son prolongación viva de la indómita Talamanca.
¡Wë́stë kja̱ne̱ chichána̱, Sibö te bá tju̱é̱!, ¡Gracias por su esfuerzo, Dios se lo pague!



















