Miriam Quesada Chavarría.
- Arte, conocimiento y trabajo: el resultado es la esfera del Diquís.
- ¿Cómo lo hacían?
En el corazón de la Región Brunca, el paisaje no solo está compuesto por biodiversidad, sino también por uno de los enigmas arqueológicos más fascinantes del mundo: las esferas de piedra. Estas obras, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, representan la cúspide del desarrollo tecnológico y social de las culturas precolombinas que habitaron el Delta del Diquís.
El secreto de la esfericidad
A menudo surge la interrogante sobre cómo, sin herramientas de metal, nuestros antepasados lograron una geometría tan precisa. Según las investigaciones de arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, como Ifigenia Quintanilla —reconocida experta en el estudio de estas piezas— y Javier Fallas, el proceso era una combinación de paciencia, técnica depurada y un profundo conocimiento de los materiales.
El proceso comenzaba con la selección de grandes bloques de rocas ígneas, como la granodiorita y el gabro, extraídos de las estribaciones de la Cordillera Costeña. Mediante el uso de cambios bruscos de temperatura —aplicando fuego y agua fría—, los antiguos escultores lograban fracturar la piedra de manera controlada para obtener el bloque base.
De la roca bruta a la obra de arte
La transformación se dividía en etapas críticas que los especialistas han logrado documentar:
- El Picado: Utilizando percutores (piedras más duras que el bloque base), se golpeaba la superficie para eliminar aristas. Es común encontrar en nuestra región piedras «a medio trabajar» que muestran este estado inicial de la obra, rescatadas a menudo de lechos de ríos o antiguos asentamientos.
- Abrasión y Pulido: Una vez obtenida la forma básica, se utilizaban materiales abrasivos como arena volcánica y agua. Al frotar la superficie con otras piedras de grano fino, se desgastaba la roca hasta alcanzar la lisura deseada.
- Control Geométrico: Los arqueólogos sugieren que el nivel de perfección se controlaba mediante el uso de plantillas de madera o cuerdas tensadas desde un eje central, funcionando como un compás primitivo pero sumamente efectivo que garantizaba la equidistancia en cada punto.
Un símbolo de identidad Brunca
Para los antiguos habitantes, estas esferas no eran solo adornos; eran símbolos de rango, marcadores de plazas y herramientas astronómicas. Hoy, desde sitios como Finca 6 en Osa hasta los hallazgos casuales en nuestra zona sur, estas piedras nos recuerdan la sofisticación de una sociedad que entendía la materia y el cosmos.
Conservar estas piezas y entender su proceso de creación es honrar la herencia cultural que define a la Región Brunca. La próxima vez que observe una de estas esferas, recuerde que detrás de su forma perfecta hay siglos de conocimiento técnico y una profunda conexión con la tierra.
Fuente: Investigaciones y documentación técnica de los arqueólogos Ifigenia Quintanilla y Javier Fallas, del departamento de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica.



















