Grethel Quesada Quesada
Consejera para Enfoque a la Familia
Las expectativas son creencias, anticipaciones o suposiciones que la gente se hace sobre el futuro o sobre otras personas basadas en sus propias experiencias de vida y en los deseos más profundos de su corazón. Se basan en la subjetividad y funcionan como predicciones que nos hacen tomar decisiones, es decir, influyen en nuestras conductas.
Las expectativas nos ayudan, para bien o para mal, a planear el futuro y a decidir cómo manejar sucesos en la actualidad siempre pensando en el resultado esperado.
Tener expectativas no es el problema, el problema es cuando nos aferramos demasiado a ellas y, por situaciones fuera de nuestro control, estas expectativas no se cumplen, cuando esto sucede, viene la frustración, la decepción y el resentimiento a hacerse presente.
Para poner un ejemplo, imagina que estás por comenzar una relación nueva. Dentro de tu mente hay ideas muy específicas sobre lo que debe ser una pareja ideal, por lo tanto, cada vez que te ves con esa persona, esperas que él o ella cumpla con esas expectativas que han sido cimentadas en tu mente a través del aprendizaje de lo que consideras una buena relación. Al pasar el tiempo, si esa persona no cumple esos estándares que ya están fijados en tu mente, sueles sentirte decepcionada(o), burlada(o) y posiblemente desarrolles resentimientos porque la relación no fue lo que realmente esperabas. Situaciones como estas se dan a todo nivel: en la amistad, a lo laboral, en lo educativo y familiar.
Nuestras expectativas deben ser lo suficientemente flexibles para entender que nadie está en la obligación de cumplir lo que yo espero de esa persona y, que si yo fuerzo a otros a realizar lo que yo espero de ellos, estoy quebrantado sus derechos como personas a decidir qué hacer y qué no hacer.
Otra situación que generan las expectativas mal manejadas, es la gran cantidad de resentimientos que estas nos crean. Cuando esperamos que una persona accione de cierta manera y no lo hace, tomamos personal esa falta de acción y desarrolla en nosotros rencor, por lo tanto, aunque culpamos a la otra persona por no accionar tal como esperábamos, en realidad quien nos engañó fueron nuestras propias expectativas sobre dicha persona. Me explico con un ejemplo:
Imagina que tienes un amigo y que lo aprecias mucho. Tus expectativas sobre este amigo son que esté contigo en las buenas y en las malas, es decir, que cuando tengas algún problema, esa persona esté a tu lado físicamente hablando, que te abrace, te supla económicamente lo que necesitas, e incluso te dé palabras de afirmación. Supongamos que sufres un accidente de tránsito. Llamas inmediatamente a ese amigo especial y este dice que se encuentra con su familia en un paseo y no puede apoyarte en este momento. Igualmente te menciona que no tiene dinero para poder solventar tus necesidades y en lugar de afirmarte y tratar de tranquilizarte, critica tu manera de conducir aludiendo que por esto tuviste ese accidente. En resumen, él no cumplió ninguna de tus expectativas, por lo tanto te sentirás herido(a) y lo más probable, es que te sientas defraudado y resentido por la manera en que tu amigo actuó. Volviendo al punto de las expectativas y enfocándolo en este ejemplo, ¿quién te defraudó realmente? ¿Tu amigo o las expectativas que tenías sobre él?
Pero ¿Cómo salir de esta trampa?
- Primero, es fundamental reconocer que las expectativas son solo eso: expectativas, no certezas y que aunque yo desee que se cumplan, nadie está con la obligación de cumplirlas solo porque así yo lo quiero.
- Practicar la aceptación y la flexibilidad mental nos permite enfrentar los desafíos con una actitud más abierta y resiliente.
- Es importante comunicarnos de manera clara y honesta con quienes nos rodean para evitar malentendidos, no dejar puertas abiertas a posibilidades no reales, establecer límites claros desde el inicio de la relación conversando a profundidad sobre las expectativas y lo que uno o el otro está dispuesto o no a hacer por y para la relación en cuestión.
- Perdonar cuando otros no cumplen nuestras expectativas.
- Amar con paciencia y bondad, sin insistir en que se hagan las cosas sólo a mi manera, eso es dar amor con libertad.
- No usar a los demás como agentes del cumplimiento de mis objetivos personales, eso radica en el narcisismo, en la soberbia y es manipulativo y destructivo.
- No esperar perfección en otros: Mateo 7:12 enseña a tratar a los demás como queremos ser tratados, pero también implica que nuestras expectativas deben ser razonables y justas, sin exigir perfección.
- Finalmente, se debe aprender a vivir en el presente sin estar atados a un futuro idealizado, esto nos libera y nos conecta con la realidad tal como es, con sus imperfecciones y sorpresas.
La trampa de las expectativas puede ser un obstáculo, pero también una oportunidad para crecer y descubrir nuevas formas de relacionarnos sana, real y constructivamente.
Grettel Quesada Quesada Consejera para Enfoque a la Familia, con más de 20 años de experiencia en el ámbito de la consejería. Pastora y Bachiller en Psicología. Para información sobre consejerías individuales, de pareja o familiares, en modalidad presencial o virtual favor escribir a quesadagrethel@gmail.com. Si tiene alguna dificultad y necesita ayuda urgente, no dude en escribir, estoy para servirle.



















