Miriam Quesada Chavarría
- Las heridas de la infancia afectan al adulto en su conducta y decisiones diarias.
- Estas se convierten en mandatos que se pueden cambiar por otros que permitan obtener resultados diferentes.
Las heridas emocionales de la infancia son experiencias dolorosas que dejamos atrás, pero siguen influyendo en nuestra edad adulta. La infancia es una etapa crítica en la que el individuo forma la percepción del mundo y de sí mismo, por lo que las experiencias negativas pueden tener un impacto duradero. Las heridas están presentes en el físico, en la forma de expresarnos, de pedir ayuda para cubrir las necesidades. Somos víctimas de víctimas, repetimos y transmitimos nuestras heridas.
En la actualidad, las heridas emocionales se clasifican en cinco grupos:
Rechazo:
La herida del rechazo ocurre cuando un niño siente que no es aceptado por sus padres, protectores, o compañeros. El rechazo puede ser percibido o haber sido manifestado, dejando al niño con un sentimiento profundo de no ser deseado. Las personas con heridas de rechazo suelen tener baja autoestima, miedo a la intimidad y una constante necesidad de aprobación.
Injusticia:
La herida de la injusticia se da cuando un niño percibe un trato injusto, rígido o frio por parte de sus cuidadores. Esto puede ocurrir en un ambiente autoritario donde las normas son excesivamente estrictas.
Los adultos con heridas de injusticia son perfeccionistas, críticos consigo mismo y con los demás y tener dificultades para expresar emociones. Buscan la validación a través del logro y pueden experimentar altos niveles de estrés.
Abandono:
La herida de abandono surge cuando el niño no recibe suficiente atención o apoyo emocional por parte de sus padres. Podría ser por ausencia de los progenitores física o emocionalmente.
Los adultos marcados por la herida del rechazo pueden sufrir miedo a la soledad, dependencia emocional y dificultades para mantener relaciones estables. Buscan validación externa y pueden desarrollar comportamientos ansiosos o depresivos.
Traición:
Esta herida se origina por promesas rotas o personas que actúan de manera contradictorias y son personas muy importantes para el infante.
La herida de traición puede llevar a problemas de confianza, control excesivo en las relaciones y miedo a la vulnerabilidad. Las personas afectadas pueden ser muy desconfiadas y tener dificultad para delegar tareas y creer en los demás.
Humillación:
La herida de la humillación ocurre por la ridiculización, el avergonzar o menospreciar al niño por su comportamiento, apariencia o capacidades. Este tipo de maltrato puede venir de los padres, maestros o compañeros.
Las personas con heridas de humillación tienen baja autoestima, sentimientos de vergüenza, y una fuerte necesidad de complacer a los demás. Pueden auto sabotearse y tener dificultades para expresar sus verdaderas emociones.
Manifestaciones de las heridas del alma en los adultos
Las consecuencias de los traumas que sufrimos en la infancia, se transforman en mandatos que afectan la salud, el trabajo, la relación con los demás, las relaciones de pareja y hasta la relación con el dinero. Todos tenemos heridas, normalmente más de una, por ello es importante reconocer lo que nos afectó y trabajar para sanar nuestro niño interior. La siguiente tabla muestra una pincelada de las manifestaciones de las heridas en el adulto.




















