Zenón de Citio se considera el padre de la escuela filosófica estoica que nació en Atenas allá por el 300 a.C. Este filósofo helenístico solía reunir a sus seguidores en la Estoa Pecile (‘pórtico pintado’), al norte de ágora de Atenas que no era sino una columnata decorada con coloridos frescos, que inspiró el nombre de los estoicos. Allí debatían sus ideas y filosofías.
¿En qué se basa el estoicismo?
En esencia, el estoicismo enseña que nuestro bienestar mental no depende de las circunstancias externas (que la mayoría escapan a nuestro control), sino de cómo elegimos responder ante dichas circunstancias. Los estoicos, desde sus inicios, enfatizaban el cultivo de la virtud –generalmente definida como sabiduría, justicia, valentía y templanza– como el bien supremo. La base de todo se resumía en que nuestra energía debía centrarse en las cosas que podíamos cambiar y no en las que no, y las segundas había que aceptarlas con ecuanimidad (como, por ejemplo, que se ponga a llover cuando pensabas ir de excursión al campo, las decisiones que tomen los demás o los eventos fortuitos).
Por ello, todos los estoicos creían que vivir una vida virtuosa era la única manera de vivir una buena vida, por lo que todo lo externo, como el placer o los bienes materiales, no eran cosas ni buenas ni malas en sí mismas sino «material sobre el que actúa la virtud».
A diferencia de muchos otros enfoques filosóficos, los estoicos eran muy prácticos, exponiendo enfoques que pudieran ser útiles en el día a día de cada persona. Técnicas como dedicar tiempo a imaginar escenarios desafiantes (pérdida de posesiones, pasar por dificultades…) para apreciar el presente, y prepararse para la adversidad; experimentar momentos de simplicidad de forma intencionada (como vestir ropa sencilla) para desarrollar resiliencia y gratitud; o reflexionar diariamente sobre los éxitos y errores del día, para mejorar la claridad de pensamiento, eran habituales entre los estoicos.
¿Qué diferencia hay entre el estoicismo antiguo y el moderno?
Podríamos decir que el medio de difusión. En el mundo actual en el que vivimos, tan acelerado e hiperconectado, en el que nos es casi imposible no estar al tanto de alguna novedad o de disfrutar de momentos de silencio o calma (prácticamente necesitamos planificarlos para contar con ellos), el estoicismo ha resurgido como un referente para obtener esa calma y ese autocontrol característicos por diversos motivos completamente comprensibles:
- El primero, la preocupación por la salud mental. Vivimos en una época de estrés e inundados de estímulos que no cesan, lo que puede provocar ansiedad y agotamiento. Estas prácticas del mundo clásico ofrecen herramientas para recuperar ese sosiego en el día a día.
- El segundo, la resiliencia. De nuevo, en nuestro mundo reina el caos y la incertidumbre, sobre todo la económica. Hay muchos cambios y los conflictos no dejan de aparecer o agrandarse, por lo que alcanzar la serenidad bajo presión se torna un cambio interesante a buscar para lidiar con estos tiempos turbulentos.
- El tercero, el interés en el desarrollo personal con el objetivo de crecer, ya sea personal o profesionalmente.
- Por último, Internet. Qué duda cabe que las plataformas digitales como los podcasts, los foros y las propias redes sociales, han puesto al alcance de la mano un poco de sabiduría ancestral que está haciéndose un hueco entre las generaciones jóvenes (y no tan jóvenes).
Personajes históricos famosos como Séneca o incluso el emperador Marco Aurelio, seguían las directrices del estoicismo. Hoy día, famosos como Keanu Reeves promueven estos valores.
“Nuestra vida es lo que hacen nuestros pensamientos”, decía Marco Aurelio
Texto tomado de National Geographic



















