Grettel Quesada Quesada
Licenciada en Psicología con Énfasis en Modificación de la Conducta.
¿Alguna vez has sentido que lo que logras no es por tu esfuerzo, sino es solo obra de la casualidad o la suerte y que, tarde o temprano, alguien descubrirá que “no eres tan capaz” como pareces? Si te identificas con este tipo de pensamiento, quizás estés experimentando lo que se conoce como síndrome del impostor.
Este fenómeno no es una enfermedad mental, pero sí un patrón de pensamiento distorsionado que afecta a muchísimas personas indistintamente su quehacer o profesión. Quien lo padece suele pensar:
- “No merezco este reconocimiento.”
- “No estoy lo suficientemente preparado.”
- “Soy un fraude.”
¿Por qué sucede esto?
El síndrome del impostor nace la costumbre de compararnos con otros, de ponernos expectativas imposibles o de no reconocer nuestro propio proceso de aprendizaje. También puede estar alimentado por frases que escuchamos desde pequeños: “Usted no sirve para eso” o “mejor que otro lo haga.”
También, suele desarrollarse cuando, siendo niños, se crece en contextos donde los progenitores suelen ser en exceso exigentes y no reconocen el éxito de sus hijos o los minimizan.
¿Cómo se puede enfrentar el síndrome del impostor?
1. Reconoce tus logros. Haz una lista de metas alcanzadas, por pequeñas que parezcan.
2. Deja de compararte. Cada persona avanza a su propio ritmo.
3. Habla de lo que sientes. Compartirlo con alguien de confianza puede aliviar el peso.
4. Celebra el esfuerzo. No solo el resultado cuenta, también la constancia.
El antídoto contra el síndrome del impostor no es inflar el ego, sino abrazar con gratitud lo que somos y lo que hemos logrado. Recuerda: nadie llega hasta donde estás sin haber trabajado por ello, sea lo que sea que hagas.
Por otra parte, la Biblia dice: “No es que pensemos que estamos capacitados para hacer algo por nuestra propia cuenta. Nuestra aptitud proviene de Dios.” 2 Corintios 3:5. Este pasaje deja claro que los seres humanos están hechos para triunfar y que el éxito es parte de la esencia con la cual han sido creados.
Así que la próxima vez que dudes de ti, piensa: “No soy un fraude, soy fruto de mi esfuerzo, mi historia y mi tierra, soy consecuencia de la suma de muchos logros obtenidos a traves de la vida”.



















