Dra. Grettel Quesada Quesada.
Licenciada en Psicología
La industria del entretenimiento está en auge, cada día, expertos se enfocan en generar mejores alternativas para la diversión de pequeños y grandes. La tecnología se desarrolla principalmente para generar experiencias extremas que capturan al usuario de los dispositivos electrónicos con el fin de que estos consuman cada vez más material cibernético. Se escucha con regularidad a padres de familia pidiéndole a los hijos “suelta ese celular” sin darse cuenta que también ellos mismos están sometidos a la necesidad del “Scroll” diario. Muchos piensan que este es el precio del mundo progresista en el cual vivimos, pero más que eso, es una nueva modalidad de vida auto impuesta que radica en la necesidad neurológica de solventar dopamina al cerebro.
La dopamina es un neurotransmisor (mensajero químico) que tiene como función principal motivar, anticipar, empujar a ejecutar acciones y reforzar conductas en los humanos, es decir, si algo da placer, la dopamina impulsa a repetirlo.
Funciona en el sistema de recompensa neuronal y se acciona bajo este proceso:
- Se piensa y se anticipa que algo podría ser atractivo, divertido o emocionante.
- El cerebro libera dopamina.
- Se da el impulso de querer adquirir o realizar esa acción.
- Si se hace la acción en cuestión y es agradable, el cerebro aprende que esto es bueno.
- Se graba un patrón en el cerebro que dicta que al hacer “tal acción” pasará algo bueno.
Si además de sentir agrado al realizar una acción determinada se recibe una recompensa por hacerla, la dopamina sube aún más con la expectativa de adquirir ese “premio”; ésta estructura impulsora refuerza la necesidad de invertir gran cantidad de tiempo en videojuegos, máquinas tragamonedas entre otros.
Dado lo anterior, podemos ver como el mundo en el que vivimos está diseñado para estimular la dopamina: las series de televisión, los reels, las notificaciones, los juegos virtuales, el humor cibernético, las compras en línea entre muchas otras cosas, generan una exhaustiva descarga de estímulos y establece un ciclo de recompensa intermitente que mantiene en alerta al cerebro esperando que llegue “algo bueno”.
Los dispositivos móviles son “tecnología dopaminérgica” a la mano, mantiene el cerebro en constante expectativa pensando que “pronto pasará algo bueno”, por lo tanto, se revisa el móvil con frecuencia con el afán de conseguir esa “recompensa” esperada (likes, notificaciones, puntos ganados, etc), activando ese ciclo de recompensa intermitente y enganchándonos cada vez más.
Ante esta constante exposición a estímulos dopaminérgicos, se evidencian consecuencias indirectas en el área cognitiva y conductual de las personas, por ejemplo:
- Se puede llegar a sufrir un fenómeno similar al síndrome de abstinencia por la poca tolerancia a no tener el estímulo a mano.
- Disminuye la atención del individuo lo que hace que su productividad se vea afectada y es especialmente perjudicial para personas con Trastorno de Déficit Atención e Hiperactividad.
- Debilita el autocontrol en la persona.
- La motivación se centra en un solo estímulo (celular, juegos de video, es decir obtención rápida del placer) y no en elementos de la vida que requieran compromiso y esfuerzo y que su gratificación suele llegar a mediano o largo plazo (trabajo, estudio, deporte, ejercicio, etc.).
Estrategias para regular este ciclo de gratificación dopaminérgico.
Primero, se debe comprender que no es una situación de voluntarismo sino una necesidad de reeducar el cerebro; no implica solamente que se quite el estímulo que genera la dopamina, sino que se cambie la fuente de donde se obtiene.
En el caso de los niños y adolescentes, es necesario plantear límites claros, por ejemplo, tener un horario para el uso del dispositivo móvil o la computadora, que existan zonas en el hogar, escuela, colegio y demás espacios donde no se permite utilizar este medio y velar por el cumplimiento de los límites establecidos.
También se debe implementar una dinámica que implique primero el esfuerzo y luego la recompensa (estableciendo como recompensa el dispositivo móvil o computadora), es decir, si realiza las tareas domésticas, escolares, ejercicio, etc., podrá obtener el premio (celular) . Esto confiere los padres como los responsables principales del manejo de estos artefactos.
Además, se requiere proponer actividades que generen dopamina, pero de manera sana, los esfuerzos anteriormente descritos se pueden direccionar a la realización de arte, deporte, música, juego de mesa, etc.
Al principio, existirá resistencia, pero la motivación se dará con la activación constante de estas funciones.
Es importante explicarle a la adolescente o al niño qué es lo que sucede en su cerebro cuando se abusa de las pantallas y cómo le afecta para así obtener una participación más activa de parte de él o ella y evitar castigos impulsivos o permitirle el dispositivo para que se calme como si fuera una “niñera electrónica”.
Los padres deben modelar con la conducta, si como adulto se ejecuta la acción, no se tendrá la autoridad moral para corregir al niño o al adolescente, se debe ser coherente.
En el caso de los adultos que están atrapados en este ciclo de recompensa intermitente, se sugiere algunas actividades para retomar y así cambiar el estímulo dopaminérgico: conversaciones en persona, juegos de mesa, lecturas, comida con amigos, salir a la naturaleza, ejercicio, aprender algo nuevo, mejorar la vida espiritual haciendo oración o meditando, establecer proyectos a corto, a mediano o largo plazo, es decir, generar dopamina con esfuerzo.
Lo ideal es que seamos dueños de nuestros dispositivos electrónicos y no que nuestros dispositivos electrónicos sean nuestros amos y nos controlen. Utilizar la tecnología con sentido es la clave. Esto significa que se debe hacer uso de este recurso para el desarrollo personal y no sólo para el ocio. Algunas recomendaciones son tomar fotografías, hacer videos comerciales, crear, realizar arte, aprendizaje autodidacta, decorar etc. Como adultos somos responsables de establecer y hacer cumplir nuestros propios límites.
Tema para la próxima entrega: ¿Qué relación existe entre la dopamina y la infidelidad virtual? ¿Qué se puede hacer al respecto?



















