Dra. Grettel Lorena Quesada Quesada
Licenciada en Psicóloga Énfasis en Modificación de Conducta
Whatsapp 60867728
quesadagrethel@gmail.com
Durante generaciones, a muchas mujeres se les enseñó que cuidar era parte esencial de ser mujer, incluso si esto pasaba por encima de sus propias necesidades. Desde niñas aprendieron a estar pendientes de los demás, anticipar necesidades, sostener emocionalmente a la familia y asumir responsabilidades e incluso roles que no les correspondían. En este contexto cultural, la maternidad puede convertirse en un escenario altamente demandante que no deja espacio para el autocuidado de quienes podrían estar programadas para cuidar de otros.
A la madre se le ha exigido, muchas veces, ser paciente, disponible, amorosa, sacrificada, organizada y capaz de resolverlo todo. El ideal de la “madre perfecta” puede generar una presión silenciosa: sentir culpa cuando se necesita descansar, dificultad para pedir ayuda o la creencia de que dedicar tiempo a sí misma significa descuidar a sus hijos y que si reserva estos espacios para ella, podría ser fuertemente criticada por quienes visualizan la maternidad con lupa, bajo expectativas prácticamente imposibles de cumplir.
Un ejemplo de esto se puede representar con aquellas madres que recién dan a luz. La comunidad inmediata y cercana suele mostrarse sumamente interesada en el bienestar integral de la criatura, traen regalos al recién nacido, llenan a la madre de recomendaciones, le brindan los secretos de “abuelas” para una mejor lactancia, generan críticas “constructivas” para que la madre aprenda a cuidar a su bebé, entre muchos otros consejos; pero rara vez se destinan espacios para que la madre pueda expresar cómo se siente, sus inseguridades, sus temores, sus dudas o cualquier otro tema que ella requiera abordar para evitar colapsar ante la responsabilidad que le apremia la crianza.
También, es curioso ver que, cuando los menores de edad están escolarizados, las madres pueden volverse“invisibles” como mujeres pues, mayoritariamente, se les identifica desde su rol, se convierten en “la mamá de…” y pocas veces recuerdan su nombre.
Por lo tanto, desde una perspectiva psicológica, el autocuidado no es egoísmo ni un premio por haber cumplido con todas las responsabilidades. Es una dimensión necesaria del bienestar. Cuidarse implica reconocer las propias necesidades y limitaciones, atender la salud física y emocional, establecer límites, cultivar vínculos de apoyo, descansar y conservar espacios que permitan desarrollar otras dimensiones de la identidad, es decir, que le brinde la libertad a la madre de disfrutar el sin fin de roles que como mujer puede ejecutar.
La maternidad tampoco es una experiencia estática. Cambia con cada etapa del desarrollo de los hijos y exige nuevas formas de criar o acompañar según sea el caso: cuidar, educar, poner límites, favorecer la autonomía y, progresivamente, aprender a soltar.
Una maternidad psicológicamente saludable no requiere perfección. Requiere humanidad: reconocer que podemos equivocarnos, reparar, pedir ayuda y aprender.
Quizá uno de los mayores cambios culturales que necesitamos promover sea dejar de preguntarnos “¿qué más debería hacer una buena madre?” y comenzar a preguntarnos también: “¿qué necesita esta madre para estar bien?” Porque una madre también merece ser cuidada.
Dra. Grettel Lorena Quesada Quesada
Licenciada en Psicóloga Énfasis en Modificación de Conducta
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